viernes, 22 de agosto de 2014

Ser docente II,

8:45 am. Mientras el mundo gira, en un aula de escuela...

-Che, Fede, es un embole el libro que tenemos que leer.
-Sí, mal. Pero mirala a Gota... Le pone muuuuuuuucha onda.

A veces son tan queribles.

jueves, 21 de agosto de 2014

Son dos meses en el año,

Hay dos meses en el año que me tomo un momento para pensar dónde estoy parada.
Son dos instantes, breves, que durararán unos pocos días pero me rondarán en cada esquina, en cada subte, en cada comentario, en cada cosa dicha y no dicha...

Pienso en la Gota de la infancia la que jugaba a ser la maestra de todos sus peluches, la niña que perdió a su mamá apenas empezaba la primaria, la de la adolescencia, la del pelo amarillo pato, los brackets y mil millones de sueños en los bolsillos. La Gota jovencita, la que estudiaba el profesorado, trabajaba, bailaba, viajaba sola por el país, hacía terapia, salía con chicos de anecdotario y lo más redundante en su mundo era recibirse más o menos pronto.

Me gusta mucho pensar en la Gota de los 25, la que se puso de novia y escuchó un te amo completo y sincero, la que viajó a medio oriente, la que se reencontró con familia española en eternas playas mediterráneas, la que se mudó sin pensarlo dos veces para empezar una vida de dos, la que se recibió llorando mientras explicaba los motivos que tenía Penélope para esperar a Ulises. Esa Gota que salió a buscar trabajo "de lo suyo" con un título en mano y menos de 24hs de experiencia docente. La que se sacó la armudura del miedo, la que sigue haciendo payasadas en la calle y en los atención al cliente.

La Gota de hoy (que es también todas las otras gotas) ya no tiene tantos sueños sueltos, sino algunos poquitos que con esfuerzo espera a alcanzar. Es una Gota que se anima a llorar, a decir que no, la que pase lo que pase sigue adelante, la que observa, escucha, arriesga, levanta la bandera del buen humor, juega sin parar. Una gota hermana que con uno comparte la profesión y una habitación llena de juegos y con la otra disfruta el verla crecer, tan chiquita (y tan chicata).

Antes, era recurrente la frase "parecés más chica" pues bien, ya no. Algo cambió y estoy segura que es mi mirada. ¿Será que ven en mis ojos todo lo que crecí, todo lo que viví?

Cumplo 27 años y ya está. En diciembre volvemos con lo mismo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Zen,

Cayó a mis manos un papelito con letra de computadora que decía:
                           

                                                                                      ´Smile, braethe and go slowly´

Tendría que tatuármelo en la muñeca. (Y todos los de mi apellido, también).

viernes, 15 de agosto de 2014

Natalia,


Hoy soñé con mi mamá.  (Y acá, un post que podría ser tierno y melancólico se tranforma en...)

Me mostraba un album de fotos, daba vueltas las hojas y ella... se transformaba en Natalia Oreiro.

Llego a la escuela y en la sala de maestro ¿de quién se está hablando? pues, de Natalia Oreiro.

Pido una compu prestada, hay una página web en pantalla con una foto de... Natalia Oreiro.

Mi novio y mi papá creen que la muejer más linda del Río de la Plata es: Natalia Oreiro.

¿Cuántas veces dije Natalia Oreiro? Ahhh!!



jueves, 14 de agosto de 2014

Anticipo,

Alguien ya me lo anticipó:

"Cuando el facebook se te empieza a llenar de fotos de bebés... qué cerca estás de los 30."

 



miércoles, 13 de agosto de 2014

Fuera del medio,

Tengo una manía no resuelta con el mundo exterior y es la de no leer los diarios. Las noticias mediáticas tienen tan solo unos escasos 15 minutos para penetrar en mis oídos y retener sus palabras vagas mientras escucho la radio, desayuno, me maquillo, leo algo y me preparo para salir a trabajar.

Me aburre, soberanamente (qué lindo suena "soberanamente"), mirar noticieros. Disfruto mucho de escuchar la radio, pero los programas en los que se detiene mi dial son más de tono humorístico o divertidos. Desconozco quién es "la figura del año", cuántos robos/secuestros/etcéteras ocurren en mi ciudad. Ojo, en parte, vivir en una burbuja deja mi cerebro más tranquilo y mi psicosis en límites conocidos. Las cosas importantes, lo que realmente hay que saber, me entero por la gente. Aunque yo quiera evadirme de todas las noticias, la gente habla y me cuenta.

Me interesan la movida cultural, los proyectos de la gente, la justicia, la paz mundial, las políticas educativas pero no me interesan quiénes lo cuentan ni cómo lo hacen. Me encantaría poder disfrutar de un medio de comunicación que comunique "lo urgente/ao vivo/lo que hay que saber" y no me embole.

En casa no contratamos cable y todo lo que vemos es gracias a las amigables personas que compraten sus cosas en internet. Cuando voy a lo de mis viejos y veo la tv prendida me quedo idiotizada con las publicidades. Al no verlas constantemente, resulta un encuentro cercano del tercer tipo entre la tele y yo. Nos embobamos.

A pesar de todos mis intentos de evadirme del crimen de la ciudad... mi abuela, mi abuelita siempre tiene toda la información como pan caliente. Y bueno... la tele nos afecta a todos.



 




martes, 12 de agosto de 2014

Morir de amor,

Es el tópico de siempre..

Porque es violencia contra uno mismo, es locura, es angustia. Son lágrimas contenidas, son horas de ahogarse, de negarse, de estrujarse una y otra vez contra el pecho el corazón.

El “tum tum” del órgano se reitera en el “tic tac” del reloj. Es el tiempo que nos arrastra más hondo a la angustia, a la sensación de vacío. Y como la ausencia se agranda, te quema, te supura en tus expresiones, en tu modo de ser, de moverte.

El cuerpo te habla, no en vano, desde las entrañas. Te roba la paciencia, te quita el sueño, y es otra vez la punzada en la boca del estómago, como una enfermedad, como una náusea. Y buscás desesperado la forma de salir de vos, de escaparte, de dejar de sentir. Necesitas transmutar, metamorfosearte, buscar otras sensaciones. Saciarte. Volcar. Sumergirte en una fuente honda, profunda de miles de metros y refrescarte y volver a pensar en otras cosas, aquellas que ocupaban todas esas horas, todo tu precioso tiempo antes… mucho tiempo antes… de sufrir por amor.

Pd.: Escribía y sonaba una canción de Soledad Villamil, invitados.

lunes, 11 de agosto de 2014

Cerca,

...Rosario siempre estuvo... ceeeeerca... (Léase meneando la cabeza como Fito Páez cuando canta).

Viajé a Rosario por primera vez, un fin de semana cualquiera de invierno.
Lo mágico del viaje comenzó un viernes con el mensaje de Waap que, de soslayo (amo leer: "de soslayo") miré en la sala de maestros, decía: "Mañana nos vamos a Rosario". Mi novio no me preguntaba, me informaba.
(Si alguien quiere hacerme feliz, puede escribir el campo semántico mágico de las palabras: escapada, viaje o vacaciones.)
Intentamos levantarnos a las 6 de la mañana y fue una tarea inútil. Amanecimos a duras penas y encaramos la autopista.

Tres horas nos separan de las costas rosarinas y del aire relajado de una ciudad en fin de semana. En dos días a puro sol recorrimos la costanera, el bulevar, el centro, bordeamos las canchas de fútbol y comimos en sus bares y restaurantes. Cabe destacar una parrilla llamada Viejo Balcón y un bar re canchero al estilo Hard Rock que se llama Rock & Fellers. A pata, en bici, en patines (auto: solo para perezosos) sirven como medio para recorerrla. La costanera es preciosa. Vale caminarla de la mano, escuchando buenos temas, con termo en mano o con amigos.

Inolvidable:
1- Nuestro baile del "Tema de Piluso" en el monumento a la bandera. (Busco explicación a: "... no hay merienda si no hay capitán" ¿?) Si alguien lo tiene filmado... desconozco a la descontrolada que bailaba con lentes de sol. Aviso.
2- Le hice un chiste a Mariano Martinez y se rió. Lo vi sentado en una estación de servicio. (Anécdota cholula para coronar el regreso a casa.)
3- Recorriendo la costanera me encontré dos simpáticas casitas, al estilo buzón, que decían "Biblioteca al paso" o algo así. Tenían una puertita donde el caminante podía abrir libremente retirar un libro, leerlo al sol y devolverlo. Sin firma, ni registro, ni nada. Me pareció una iniciativa buenísima. Cuando vuelva a Rosario voy a llevar dos libros para colaborar con la casita-buzón: Uno de Cortázar para lo más grandes y uno de Casona, para los más chicos.


viernes, 8 de agosto de 2014

Perderse,

Mi problema con las ciudades es su magnitud. Marean y confunden mi delicado sistema de concentración ante las direcciones y numeraciones de las urbes. Toda mi vida, incluso, estimo, desde mis primeros pasos, fui completamente despistada. Puedo hacer el mismo recorrido los trescientos sesenta y cinco días del año que seguro (según propias y fiables estadísticas) más de la mitad de esos días cambiaré involuntariamente de camino, me perderé por la misma manzana de siempre, preguntaré si estoy en la calle correcta y me cuestionaré si tal bar, tal florería, tal kiosko siempre estuvieron allí. Esa cotidianeidad de que la gente pregunte al pasar tal o cual dirección a mí me genera una sensación de temor como si me hubiera hablado el mismísimo zombie de las series de televisión. No sé que responder, me bloqueo.

La mayor parte de mi vida la viví y la transcurrí sobre la emblemática avenida porteña: Corrientes. Nunca supe el sentido de los autos ni la numeración, todo intento de memorizar las calles que la cortan fue en vano, en reiteradas oportunidades. Y he observado que en otras partes del mundo, me pasan exactamente lo mismo. Siempre que viajo, dejo que me lleven por las rutas argentinas e infinitas a ojos cerrados. De copiloto soy igual a cero.

Mi familia ya  toma mi despiste y poca ubicación, como una enfermedad. Mi novio se pone nervioso cuando le digo que no tengo ni la menor idea dónde estoy parada (sea la esquina del departamento o al lado del mismísimo obelisco). Lo intenté con terapia. Llevé a sesión este “problemita”, ella me dijo: “Yo no tengo idea dónde queda el jardín de mis hijas y voy igual, en auto”. OK, no soy yo, mi terapeuta también padece los mismos síntomas.

Quién sabe por qué. ¿Será por tener la cabeza en las nubes, en la luna de Valencia o arriba de una palmera? Me gusta pensar que el motivo es un alma soñadora. El despiste provoca situaciones extrañas, bizarras y hasta de enojo con uno mismo. Sin embargo, esas pequeñas perdidas, esos minutos fuera de tiempo (uno jamás calcula perderse cuando piensa cuánto demorará al trasladarse de un lugar al otro), pertenecen a otro espacio. Como si uno pudiera salirse de si mismo para perderse y confundirse. Quién sabe.

Seguro que algún día, perdida en alguna avenida, estación de subte o aeropuerto, suceda algo genial, especial o tal vez, me encuentre, frente a frente, con mi alma soñadora.

jueves, 7 de agosto de 2014

Ser docente I,

Escuchar en el recreo el grito de: ¡¡AVALANCHA!! y ver cómo una horda de pre adolescentes unidos por un gran abrazo corren por el patio grande de la escuela arrasando todo niño que tienen en frente.

Resultado del "chiste": dos heridos, un par de zapatillas desaparecidas, 23 notas en el cuaderno de comunicaciones, una maestra estresada.

PD: Hay días que pensas por qué no me quedé laburando en una oficina.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Amores prohibidos,

De la A a la Z

Amigos de tu novio
Bebés
Casados
Detectives
Encarcelados
Fugitivos
Gigantes
Hermanos
Inmorales
Justin Biber
Kiwiteros
Ladrones
Llorones
Mentecatos
Niños
Ñoquis
Osos
Papas
Que se llamen igual que tu ex
Ratones
Sobreevaluados
Tímidos (en extremo)
Uy uy uy uy
Vaticanos
Webones
Xilofonistas
You tube (si fuera un humano)
Zzz..

martes, 5 de agosto de 2014

Atrevida,

Lo miré, lo interrumpí y le dije:
                                               "¿Vas a seguir hablando o me vas a dar un beso?"

viernes, 1 de agosto de 2014

Una semana de Julio,

Entre las idas y venidas de la semana, viví socialmente las siguientes actividades:

Lunes: Fui al super (La cajera estaba de muy buen humor.)

Martes: Merendé con una amiga en un café del centro. (Comimos un Lemon Pie de exageradas dimensiones.)

Miércoles: Fui al teatro con mi novio. Vimos: Stereotipos (La obra era en el Teatro Ciego. Interesante la propuesta, muy divirtida la primera parte, no me parecieron buenas las improvisaciones. Recomiendo más La isla desierta, obra de teatro de Arlt, también teatro ciego, en el Konex. La vi hace unos años y la recuerdo con cariño.)

Jueves: Fui al Super (No había demasiada gente, había descuento. ¿Por qué no logro organizarme e ir solo una vez por semana a ese bendito lugarrrrrr?)

Viernes: Merendé con una de mis amigas de la infancia. (Comimos tostadas de pan de campo, hablamos del presente y del futuro.)

PD: El lunes comienzan las clases, tengo que terminar de hacer 40 boletines, planificar la segunda semana de clase y... buscar el guardapolvo que vaya a saber dónde lo dejé el último día...

jueves, 31 de julio de 2014

El beso,

Yo estaba en una de mis infinitas clases de Griego. Eran casi las once de la noche de un viernes e intentaba inútilmente enteneder cómo funcionaban los verbos copulativos en las oraciones homéricas. En medio de la odisea académica, recibí un mensaje de texto (porque para ese entonces me negaba rotundamente a modificar el arcaico estilo comunicativo del "mensajito" por el canchero y multifacético waap): "Gota, Nati no va a salir hoy, está muy abuela". Ese mensajito dejaba al descubierto que la salida planificada para el viernes a la noche entre tres compañeros de trabajo se... ¿Cancelaba? Claramente, dejé la escasa atención que me quedaba hacia la Antigua Grecia y respondí instantáneamente: ¿Salimos igual, cambiamos el plan o me quedo en casa mirando una peli? Y enseguida, afortunadamente, recibí la respuesta: "Si querés vamos, te paso a buscar por tu casa" Te-paso-a-buscar-por-tu-casa... ¿Vestido negro? ¿Jean clásico? ¿Qué Gota qué, profesor? Ah sí, sí... la tercera conjugación de tarea...

Llovían milímetros de gotas. Había una humedad espantosa y era viernes post-clase de griego. Si él no me hubiera intrigado como lo hacía, no tenía ni una pizca de motivos para salir esa noche por Buenos Aires.

Y, como me había anticipado, a eso de la una de la mañana pasó por mi casa. Y ahí me lo dijo: "Vos, tenés una imagen añiñada, en la oficina" ¿Añi-ña-da? Y yo para no quedarme con ese comentario que me desconcertaba le dije que "para mí vos tenés una imagen... mmm... como agrandado" (¿o dije soberbio?).

Fue tan graciosa la entrada al boliche (había parado un poco de llover) nos repartieron una tuerca y un tornillo así de prepo con la consigna "para que se encuentren", nos miramos, nos reimos y él empezó a hablar. Me contó historias de borracheras, de fiestas, de boliches. Yo volvía de un viaje y no sé si le hablé de eso ni de qué le hablé. Me distraía en su barbita debajo del labio, en los ojos que se esforzaban para verme entre el intermitente destello de las luces, en sus gestos, en su sonrisa interminable. Inventamos una historia y nos sacamos fotos. Me hizo un círculo de pulseritas fluorecentes y me la vistió arriba de mi cabeza. Yo no pude resistir mi tentación a la payasada y junté mis manos como una niña (añiñada) en su primera comunión.

No recuerdo qué canción sonaba (según posteriores conversaciones creo que acordamos en que sonaba cuarteto) lo que sí me acuerdo es que me abrazó (o hizo un intento extraño de vuelta que terminaba en abrazo) y me invito un beso, y nos besamos... Con gusto a Sprite o Seven Up. Él me sonrió y me dijo "Hacía mucho que no me daban un beso tan largo" y, ahí mismo, sin escalas, se anunció un nuevo beso más largo, más intenso hasta que... "A ustedes dos los conozco" se escuchó ligeramente atrás de mi hombro. Una compañera de trabajo en un estado discutible de alcohol en sangre nos descubrió enroscados. Nos importó muy poco. Había mucho tiempo y muchas Seven Up para comprar y empezar de nuevo, otro beso y otro abrazo y otro beso, y otro abrazo...



miércoles, 30 de julio de 2014

Empapada en Kafka,

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos... 

Cuando Gota Demi despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertida en un monstruo. Sentía intensamente los olores que rondaban en su habitación: El olor al acolchado, el pijama (pulverizado de fragancia suavidad de algodón), el olor al libro que había abandonado la noche anterior en su mesita de luz y el cuero de sus botas. Intentó rascarse la nariz pero en ese preciso movimiento palpó unos pelos y una humedad fría. Cuando quiso frotarse los ojos, notó que sus manos abarcaban todo el espacio de su cara y no tenían la suavidad cotidiana sino una textura casi esponjosa y afelpada. Tiró las sábanas a un lado, quiso pararse, pero fue totalmente inútil. Cayó de la cama de un golpe y en cuatro patas. Los sonidos se agudizaban aun más en sus oídos y sentía que moverse era una sensación extraña. Vio sus pantuflas viejas, abandonadas en un rincón, la mochila repleta de papeles, las patas del escritorio, el tacho de basura el... Todo su campo visual se limitaba a unos centímetros más allá del piso. Respiró profundo. Olía a perro. Volvió a respirarse, ya no se sentía humana.

Cuando era chica (muy muy chiquita) creía que las mujeres podían parir: Animales o niños. El día que le comenté a mi papá que yo "de grande quisiera tener un bebé y no un perro o una jirafa" puso play al video: ¿De dónde venimos? Y fue en ese entonces, donde se aclararon mis dudas existenciales sobre el origen de la vida. Al leer el cuento La metamorfosis de Kafka no pude menos que sonreir al recordar aquella anécdota infantil. He aquí mi versión Kafkiana de una metamorfosis en uno de mis grandes miedos: Los perros. Bienvenidos aquellos que quieran sumarse al ejercicio de simular transformarse en algo, en otro, en... lo que la imaginación prefiera.

PD: El cuento completo de Kafka, acá.

martes, 29 de julio de 2014

Fénix,

Tengo cuentos sin terminar que me piden a gritos que les encuentre un final. No puedo. Tengo una traba "escritural" que se empeña en crear historias con comienzos y... solo más comienzos. No logro saltar de página, al nudo, al desarrollo, al meollo de la cuestión al: Seguir o no seguir, esa es la cuestión. Me embarco en expediciones literarias con destino incierto y un camino corto...

Escribí más de un par de Blogs. En primera persona, en tercera. Me inventé personajes, hablé de mí misma, inventé historias que le pasaban a una "otra yo", me hice amigos bloggeros que me alentaron en la odisea y al final... Otra vez, la traba, ese tornillo difícil de sacar que era o es el continuar o el darle fin (con moño y todo) al Blog. Allá estarán rodando en el ciberespacio con seudónimos extraños o con nombres propios escondidos. 

Hoy, como un ave fénix, vuelvo a intentarlo. Pretendo animarme a saltar la primera hilera de olas para sambullirme en una escritura sin fin (mejor... ¡¡con muchos finales!!) y lograr un cuento, un blog, un engendro literario, algo, alguito nacido de la punta de mis dedos de las redes de mi corteza cerebral.

Otra vez, como un fénix, me reinvento en un blog, pido a gritos que los dedos no se cansen de escribir y que encuentren entre lazadas cerebrales esas historias que una aprendiz quiere contar.

jueves, 10 de julio de 2014

Miedos,

Soltar, desconectar, relajar. Tres palabras simples, diáfanas, tranquilas. Tres palabras que en mi universo mental pasan aceleradas por mi corteza cerebral y no parecen encontrar un lugar dónde estacionar.

Un poco por herencia, un poco por genética, un poco por naturaleza, un poco por suerte o destino, siempre fui una mujer acelerada, ansiosa, increíblemente llena de energía para encarar cualquier idea que se tope en mi imaginación. El camino para lograrla dependía siempre de mí, el cómo, el cuándo, el dónde. En el caso en que todos esos pronombres se conjugaran en un sí, nena, dale para adelante, yo gestionaba el pedido mental de ejecutar esa idea. Podía ser algo sencillo: anotarme en la facultad, o algo más complejo: organizar un viaje de tres semanas sola por tierras lejanas.

¿A qué vengo con toda esta introducción? Pues bien, a el miedo. Sí siempre fui (soy) una mujer enérgica y con una hiperactividad positiva constante. Pero, también, siempre fui una mujer acorazada por el miedo. No cualquier miedo. Bueno un poco sí. Temo a los perros como si fueran fieras inmortales capaces de aniquilarme en un ladrido, (¿exagerada, yo?). Pero ese miedo, es el que tapa otro. El miedo al transcurrir de los momentos malos, difíciles, interpersonales y de intenso contenido emocional.

Hasta el día que empecé a salir con llamémoslo "él" yo era otra persona. Jamás me había animado a ser la primera en expresar un sentimiento de afecto, ni loca se me hubiera ocurrido abrir mi corazón como lo hice. Tampoco, antes de enojarme con "él", hubiera llorado, pataleado, llevar a cabo una rueda de prensa con infinitas amigas ni enfrentado la situación de aquel enojo como lo hice una noche de Julio. Cuando lo conocí, creo yo, ya estaba preparada para cambiar, para alejar fantasma que arrastraba desde mis siete años y para salir de esa coraza impuesta por mí misma hacía tanto. Para permitirme, además, disfrutar de otra manera las palabras pronunciadas. Amé con las palabras, lloré con las palabras, me enojé, perdoné, cambié. En esos momentos, descubrí una Gota que no conocía que me hizo más personal, que me hizo más única que me hizo más persona. La coraza de robot anti-miedos, anti-sentimientos, anti-enojos, al fin, la había abandonado.

Sin embargo, pasó el tiempo, y un poco del hierro de esa coraza, me di cuenta, aun llevaba conmigo. Un pedacito que internamente sabía que iba a ser el más difícil de soltar, el más duro de abandonar después de tantos años. La coraza del miedo al adiós, a la muerte. Mi infancia estuvo atravesada por una muerte que me instauró ese escudo para salvarme, para seguir. Y ahora, me dejaba indefensa para acompañar a otro, a "él" en un camino que yo había transitado varias veces, el más horrible, el más pesado, el más hondo: el de perder a alguien.

Tuvieron que pasar días de angustias y de fiebres para darme cuenta que lo que él estaba viviendo yo lo había pasado. Para entender que yo podía angustiarme, podía llorar y recordar lo que también había vivido. Y para darme cuenta que necesitaba deshacerme de esa pedacito de coraza que quedaba en mí, para tener más espacio para el abrazo, para dejar por un momento de lado MI angustia y no sumarla a la suya. Para mostrarme contenedora. Para ser un apoyo cálido y no un manto de angustia encerrada en hierro viejo. Me di cuenta que se puede ser sin miedo, que se puede acompañar mejor sin miedo, que se puede seguir transcurriendo sin miedo. Mejor, vivir sin miedo.

Escribir, para pensar. Escribir para crecer, escribir para ser. Escribir para dejar salir el miedo, para hacer una metamorfosis de uno mismo.

jueves, 3 de julio de 2014

Seis horas no me bastan,

Despertarse implica abrir los ojos y enfrentarse, cara a cara, con la pared blanca que nos delimita el espacio de la habitación. Implica escuchar el celular-despertador que nos quema el reciente habilitado espacio cerebral apto para la realidad con un intermitente sonido. 
Y suena contradictorio que pese a que nuestro cuerpo sabe que tiene que arrancar el día (porque lo sabe) nuestro cerebro le hace la vida (por no decir la mañana) imposible.

Si ya lo dijo Calderón de la Barca: La vida es sueño... ¿Por qué no dedicar más horas al día a tan poético placer? Pero bueno, ya sabemos cómo sigue la historia: ...  y los sueños, sueños son.

Jueves. Mi reino por una almohada.

miércoles, 2 de julio de 2014

Hoy,

Escribir porque sí. Escribir porque hay ganas. Escribir porque hay muchas palabras girando en las esferas desconocidas de la mente que necesitan ordenarse, o serenarse. Escribir porque lo piden: las yemas de los dedos, los oídos, la respiración y la lengua. Escribir para fluir. Escribir para vivir. Escribir para decir. Escribir para intentar, para empezar, para crecer.

Me llamo Gota. Bueno, en realidad mi nombre civil y sincero es otro pero el mundo virtual me invita a recrearme, a pensarme como palabras en un teclado infinito en una pantalla a punto de llenarse de mí, de gotas, de letras, de cosas, de... vaya a saber de qué.

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, un día de primavera. De chiquita rotaba mi elección vocacional entre maestra, azafata, recepcionista de video club (o de dentista), locutora, actriz, joqueta... El comienzo de la adultez anticipó una carrera universitaria, Ciencias de la Comunicación, que quedó perdida en algún apunte. Mis pies se guiaron por otra ruta y estudié un profesorado. La docencia anticipada en los juegos infantiles, en las tardes de meriendas, en la casa de alguna amiga, se gestó en mí desde siempre.

Me gustan las galletitas de chocolate, las montañas, los días de sol, las pantuflas, los esmaltes, las lapiceras, las bicicletas.

Amo charlar, preguntar y sorprenderme.

No me interesa ganar dinero. Quisiera trabajar para ganar tiempo libre. Los días de lluvia no me afectan. El futón, como objeto de la casa, me parece perfecto.

Algo así, porque sí. Una parte de mí. Así empieza. 

Bienvenido/a seas.