Es el tópico de siempre..
Porque es violencia contra uno mismo, es locura, es angustia. Son lágrimas contenidas, son horas de ahogarse, de negarse, de estrujarse una y otra vez contra el pecho el corazón.
El “tum tum” del órgano se reitera en el “tic tac” del reloj. Es el tiempo que nos arrastra más hondo a la angustia, a la sensación de vacío. Y como la ausencia se agranda, te quema, te supura en tus expresiones, en tu modo de ser, de moverte.
El cuerpo te habla, no en vano, desde las entrañas. Te roba la paciencia, te quita el sueño, y es otra vez la punzada en la boca del estómago, como una enfermedad, como una náusea. Y buscás desesperado la forma de salir de vos, de escaparte, de dejar de sentir. Necesitas transmutar, metamorfosearte, buscar otras sensaciones. Saciarte. Volcar. Sumergirte en una fuente honda, profunda de miles de metros y refrescarte y volver a pensar en otras cosas, aquellas que ocupaban todas esas horas, todo tu precioso tiempo antes… mucho tiempo antes… de sufrir por amor.
Pd.: Escribía y sonaba una canción de Soledad Villamil, invitados.
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