Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después
de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido
en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma
de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre
abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya
protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de
resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas
en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas
ante los ojos...
Cuando Gota Demi despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertida en un monstruo. Sentía intensamente los olores que rondaban en su habitación: El olor al acolchado, el pijama (pulverizado de fragancia suavidad de algodón), el olor al libro que había abandonado la noche anterior en su mesita de luz y el cuero de sus botas. Intentó rascarse la nariz pero en ese preciso movimiento palpó unos pelos y una humedad fría. Cuando quiso frotarse los ojos, notó que sus manos abarcaban todo el espacio de su cara y no tenían la suavidad cotidiana sino una textura casi esponjosa y afelpada. Tiró las sábanas a un lado, quiso pararse, pero fue totalmente inútil. Cayó de la cama de un golpe y en cuatro patas. Los sonidos se agudizaban aun más en sus oídos y sentía que moverse era una sensación extraña. Vio sus pantuflas viejas, abandonadas en un rincón, la mochila repleta de papeles, las patas del escritorio, el tacho de basura el... Todo su campo visual se limitaba a unos centímetros más allá del piso. Respiró profundo. Olía a perro. Volvió a respirarse, ya no se sentía humana.
Cuando era chica (muy muy chiquita) creía que las mujeres podían parir: Animales o niños. El día que le comenté a mi papá que yo "de grande quisiera tener un bebé y no un perro o una jirafa" puso play al video: ¿De dónde venimos? Y fue en ese entonces, donde se aclararon mis dudas existenciales sobre el origen de la vida. Al leer el cuento La metamorfosis de Kafka no pude menos que sonreir al recordar aquella anécdota infantil. He aquí mi versión Kafkiana de una metamorfosis en uno de mis grandes miedos: Los perros. Bienvenidos aquellos que quieran sumarse al ejercicio de simular transformarse en algo, en otro, en... lo que la imaginación prefiera.
PD: El cuento completo de Kafka, acá.
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